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La riqueza de un país: espejismo o productividad
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Los países verdaderamente ricos desarrollan su economía en el principio de valor añadido y no precio añadido. Valor añadido es cuando se crean nuevos productos o
servicios. Precio añadido es cuando un mayorista compra un producto y lo distribuye generando de esta forma una ganancia a base de un incremento en precio del
producto, sin que le añada valor alguno al producto o servicio vendido en el proceso.
El generar ganancias en la producción de bienes y servicios donde se añade valor o se crea valor es donde verdaderamente se aumento la riqueza. El ejemplo más evidente
de esto es un proceso manufacturero donde se toman unos componentes, se les añade mano de obra y se crea un nuevo producto. Este nuevo producto o servicio creado
tiene que tener un mercado que le permita generar una ganancia razonable en competencia con productos análogos producidos localmente o en competencia internacional.
La productividad no se limita a crear un nuevo producto o servicio sino que éste pueda competir en calidad y precio con otros productos análogos. Para lograr esto
tenemos que entrar en el concepto de eficiencia, que es producir algo a un costo mínimo y con la calidad necesaria que lo haga competitivo: tomar unos componentes de
materia prima y añadir costo de mano de obra de forma que en el proceso de producción se controlen efectivamente tanto la utilización de materiales como de mano de
obra.
Este es un concepto que data del origen de la revolución industrial y lo define y contribuye a su desarrollo Adam Smith conocido como el Padre de la Economía en su
libro "La riqueza de las naciones".
El concepto de productividad se extiende a la industria de servicios donde por ejemplo un arquitecto crea conceptualmente una obra la cual es eventualmente construída
por contratistas y desarrolladores. Lo mismo ocurre en la agricultura donde un agricultor siembra su cosecha, la cultiva y la vende generando de esta forma una ganancia.
Es importante señalar que lo que aquí se plantea bajo ningún concepto tiene la intención de menospreciar la labor y la importancia de aquellas empresas que se dedican a
promoción, venta y distribución de productos generados por otras.
Pero el propósito de este artículo es colocar en su justa perspectiva la función de aquellas empresas dedicadas al mercadeo de bienes y servicios producidos por otros y
que dicho proceso genera grandes cantidades de dinero y emplean a su vez una parte sustancial de nuestra fuerza laborar. El mensaje aquí es que cuando evaluemos la
situación económica de un país, no nos confundamos con el espejismo de que un país en donde los grandes capitales locales provienen del mercadeo y no de la
producción de bienes y servicios no es un país poseedor de riqueza, sino traficante de la riqueza de otros.
Me refiero al caso de Puerto Rico donde los grandes capitales locales, con limitadas excepciones, están invertidos y dependen de la venta y mercadeo de productos
importados y que cuyo mercadeo (incluyendo ventas) depende principalmente de fondos provenientes de transferencias federales o dádivas provenientes del presupuesto
federal.
Es un hecho comprobado que por cada dólar consumido en nuestra isla, 68 centavos provienen de transferencias federales de diferentes tipos y no de fondos generados
por producción local de bienes con valor añadido. Por lo tanto, nuestra aparente riqueza nacional, que se manifiesta en ser una de las unidades de consumo más grande en
la nación americana, aún con el ingreso per cápita más bajo entre todos los Estados, es un espejismo de una riqueza nacional que no existe.
Solución: El desarrollo de un modelo económico basado en la promoción de empresas locales que generen valor añadido de manera que nuestro país se convierta en un
generador de riquezas en lugar de un consumidor de riquezas.
Carlos Pérez Olmo es Director de Finanzas de SP Funding Partners y profesor en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Bayamón. | cpo@spfundingpartners.com
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